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La iluminación de obras de arte - Parte III
A lo largo de las dos notas precedentes, hemos recorrido brevemente los aspectos conservacionistas en la iluminación de obras de arte. Veamos en esta última parte algunos conceptos acerca a las diversas formas de iluminar una galería de arte.

Respetando los parámetros ya discutidos en materia de preservación, se podría decir que, salvo algunos pequeños detalles referidos a la correcta percepción de una pintura, las técnicas de iluminación de una galería no difiere demasiado de la de una iluminación residencial.

Recordemos nuevamente, los aspectos más destacados a tener en cuenta.
  • El nivel de iluminación, dependiendo de las características orgánicas del material a iluminar. -El tiempo de exposición a la luz, si es que la obra se encuentra ya comprometida en su tiempo límite de exposición.
  • La fuente de luz utilizada, contemplando fundamentalmente su emisión ultravioleta, ya que como se ha visto, prácticamente todas las fuentes aptas para este tipo de iluminación emiten algo de radiación UV (solo quedarían fuera de esta nómina las incandescentes convencionales, que por razones obvias quedan excluidas de la conversación).
Veamos ahora cuales son esos detalles a tener en cuenta con respecto a la percepción de una pintura.

En realidad, el más destacable de ellos es el que se refiere a algunas preferencias por la iluminación uniforme. En el caso de iluminar una galería de manera muy uniforme, se deberá cuidar que esta no sea demasiado difusa, ya que este tipo de iluminación tiende a "quitar" saturación a los colores, especialmente tratándose de pinturas barnizadas.

En general, se dice que es deseable que las pinturas y esculturas en una galería de arte sean los objetos más brillantes dentro del campo visual.

En este punto será bueno detenerse por un momento en el tema del "acento". Es muy común que una obra pictórica e incluso un tapiz sean destacados de su fondo por medio de iluminación de acento, generalmente proporcionada por fuentes puntuales ubicadas en el cielorraso. Esta manera de iluminar una obra es por demás interesante, ya que actúa como un atractivo especial que psicológicamente induce a visitar ese cuadro y que además hace que el observador pueda concentrarse aún más en su observación, ya que configura una suerte de "marco" virtual al recortar dicha obra sobre su fondo por la diferencia de luminancia. (sensación de brillo)

Este efecto es muy agradable, le da vida a la galería y de hecho es uno de los sistemas más utilizados en general, pero habrá que poner sumo cuidado en su ejecución. Se deberá recordar que la pintura en cuestión, si por ejemplo es una acuarela, no deberá superar los 150 Lux/hora de iluminancia vertical en total; es decir que, entre el "acento" de nuestra fuente puntual más los "lux" proporcionados por la iluminación general, se deberá llegar a "ese" nivel y no más! Esto viene a cuento de las frecuentes disquisiciones sobre que "factor de acento es el más adecuado para una pintura"? 2 : 1; 5 : 1?. La respuesta es que: será el que resulte de la diferencia de luminancias entre la obra ya acentuada al nivel adecuado y el fondo de la misma. Esto significa que no hay una regla fija para establecer factores de acento sobre obras de arte.

Tomemos por caso 2 ejemplos; una acuarela en una galería iluminada con 200 lux horizontales ( a 0.8 m del piso) y otra con 350 lux, siempre hablando de iluminación general ambiente de tipo directa "envolvente", es decir, que ilumine uniformemente las paredes, las que serán de color blanco.

En el primer caso, para un nivel medio de 200 lux se podrá suponer que la pared tenga una iluminancia vertical de unos 50 lux, es decir, que el factor de acento para este ejemplo sería: 150 / 50 = 3, o sea, 3 : 1 (factor de acento)

Para el segundo caso, considerando que el nivel horizontal es de 350 lux, admitamos que la pared tiene una iluminancia de unos 85 lux, por lo tanto el factor de acento será de 150 / 85 = 1,75 : 1.

Como puede observarse, no es posible partir de un factor de acento pre-determinado, ya que este depende de varios factores, entre ellos, la iluminación de las paredes o paneles de exhibición.

Si quisiéramos ser un poco más técnicos, deberíamos agregar que todo esto es bastante relativo, ya que nos estamos refiriendo únicamente a iluminancia y no estamos teniendo en cuenta la "luminancia", que es en realidad lo que el ojo "ve". Analicemos nuevamente 2 ejemplos: una pintura íntegramente realizada con colores oscuro y otra con colores muy claros. La oscura podrá tener un factor de reflexión de tal vez 15%, mientras que la de colores claros lo tendrá de 70%. Admitiendo que ambos cuadros son acuarelas y por consiguiente la iluminancia total sobre ellas es de 150 lux, las respectivas luminancias serían de 7 cd/m² para la más oscura y 33 cd/m² para la de colores claros. Como vemos, hay una gran diferencia para el ojo humano en la percepción de una y otra obra, sobre todo si consideramos que la pared blanca tendrá una luminancia de 22 cd/m²! Esto nos dice que en el primer caso, la pared tendrá mayor "brillo" que la obra expuesta sobre ella, aún cuando su iluminancia es menor que la del cuadro. (85 lux vs. 150 lux)

Estos ejemplos nos sugieren que tal vez no sería conveniente mezclar pinturas oscuras y claras en la misma pared o muy próximas entre sí para evitar un excesivo trabajo de "adaptación" del ojo.

Por último, se impone un párrafo sobre la calidad de la luz. Es casi redundante mencionar que, para iluminar una galería de arte la reproducción cromática de la fuente de luz debe ser óptima. Afortunadamente, todas las lámparas factibles de utilizar en la iluminación de una obra de arte poseen muy buena reproducción de los colores. No obstante, lo que sí es importante analizar es la tendencia cromática de las distintas fuentes. A igualdad de temperatura de color, (Ej. 4000 K) una lámpara fluorescente trifósforo de lujo color 940 posee un espectro más "plano" que una a vapor de mercurio halogenado color 840. Esto quiere decir que la primera reproduce mejor todos los colores del espectro que la segunda.

Las lámparas incandescentes, si bien tienen un espectro continuo, (contienen todos los colores del espectro) poseen un predominante contenido de rojo contra casi nada de azul. Esto significa que, bajo la iluminación de una lámpara incandescente, los colores cálidos se verán mucho más brillantes y vivos que los fríos.
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